OpenAI fue la gran estrella de agosto con GPT-5, que llegó anunciando capacidades de nivel doctorado. Y hay que admitirlo, demostró un desempeño sólido cuando lo validamos en benchmarks internos.
Pero justo cuando empezábamos a emocionarnos, el MIT nos golpea con la realidad: 95% de los proyectos piloto de IA fracasan en empresas.Y aquí viene lo interesante, no es culpa de los algoritmos…
El problema real es que seguimos tratando a la IA como esa receta mágica que va a arreglar todo, incluso cuando lo que queremos "arreglar" son procesos empresariales que ya estaban rotos desde el principio.
Nos encontramos en ese punto peculiar donde la tecnología avanza a velocidades inimaginables, pero nuestra capacidad de implementarla de forma inteligente sigue estando muy por debajo a lo que necesitamos para lograr resultados.
¿Cuál es la solución a esta brecha de implementación?
Es la pregunta del millón. Y quizás la respuesta no esté en hacer a la IA más inteligente, sino en preguntarnos cuáles son realmente nuestros procesos, cómo logramos nuestros objetivos y si estos pueden escalar con IA o si solo estamos digitalizando viejos errores.
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