Hay aprendizajes que no llegan en un aula. Llegan en una conversación difícil, en un error que duele, en una victoria que no esperabas o en una persona que aparece en el momento exacto. Y pienso que es exactamente así como realmente creces.
Yo lo he aprendido desde que entré al equipo, y ha sido mágico. Pero no solo en el trabajo.
Lo he aprendido de la mano de mi familia, de mis seres queridos, de las personas que están ahí cuando apagas la computadora y sigues siendo tú. Porque mucho se habla de metas o resultados. Pero hay algo que va más allá de todo eso: esa chispa interna que te mueve y te hace dar lo mejor de ti cada día.
Una noche en la oficina, un amigo me dijo algo que me quedó grabado: “la vida es un one shot”. Solo una vez estás con ese grupo de personas en esa oficina. Solo una vez vives ese momento en tu casa, en ese paseo, en esa conversación. Y entender eso te recuerda que hay que valorar lo que tienes frente a ti y agradecer cada momento.
Crecer no es escalar de forma individual, sino crecer junto a los demás. Cuando encuentras algo que te gusta, también nace algo bonito: las ganas de compartirlo. De transmitir lo que has aprendido y de contar los errores que cometiste para que otro no tropiece con lo mismo. No porque valgas más que alguien, sino porque ya pasaste por ahí y puedes hacerle el camino un poco más fácil.
Y es justo por eso que hoy creo tanto en agradecer. Agradecer a quien te enseñó, quien tuvo el valor de decirte en qué te equivocaste y en qué tenías que mejorar. Y también agradecerle a la vida: por las presiones que te pone, por los retos que te lanza, por todo aquello que te obliga a crecer aunque en el momento no lo entiendas. Porque nada de eso es casualidad. Todo te está construyendo.
Sé que solo tengo 25 años y que me falta mucho por vivir, pero por lo mismo reitero lo de la chispa… lo de encontrar lo que más te gusta hacer. Porque cuando lo encuentras, el camino se hace más llevadero. Los sacrificios pesan menos. Los días difíciles tienen otro color. Y cada paso se siente con más sentido.
Tropieza si tienes que tropezar, pero levántate y sigue. Entre más das, más creces, y mientras más valoras lo que haces, más claro se vuelve el camino.
Las personas llegan y se van. Pero lo que construyes adentro, nadie te lo quita. Nunca.
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