En la última edición del Consumer Electronics Shows, evento que presenta los nuevos productos electrónicos que podrían salir a la venta, los juguetes empezaron a conversar.
Y no, no era que les apretabas las manos o el estómago y cantaban. Era que literalmente entablabas una conversación con ellos.
El capítulo de Black Mirror ahora es una realidad. Distintas empresas exhibieron peluches inteligentes que tenían la capacidad de cambiar de estado de ánimo, escuchar y responder con coherencia, y tomar acciones (e incluso decisiones). Todo esto gracias a la IA.
Expertos del mundo académico señalan que estos nuevos juguetes generan inquietud, pero también han reconocido su potencialidad y riesgos. Un juguete que escucha, responde y “aprende” de un niño no es neutral. Puede influir en su forma de relacionarse, de expresarse y hasta de construir vínculos emocionales.
Y cuando ese vínculo se basa en simulación afectiva y recolección de datos, el riesgo no es menor.
Quizás estamos frente al inicio de una nueva conversación sobre cómo queremos que la tecnología entre a la infancia. Porque innovar no es solo hacer que los juguetes hablen, sino decidir cuándo conviene escucharlos y cuándo es mejor dejarlos en silencio.
¿Te gustó este artículo? Compártelo con tus amigos
