Cuando pensamos en Inteligencia Artificial aplicada al reclutamiento, es común imaginar el estereotipo de sistemas ATS filtrando currículums sin criterio humano, o robots tomando decisiones que antes estaban en manos de una persona.
Para algunos, los procesos de selección pueden ser situaciones muy frustrantes y desesperanzadoras. Por lo mismo, vivir descartes sin feedback, carencia de respuestas o largas esperas, termina profundizando esa sensación de injusticia y desconexión, como si el proceso fuera más un trámite automático que una experiencia humana en la que alguien realmente está al otro lado.
Pero mi experiencia con la IA ha sido diferente. Desde que comencé a trabajar en psicología laboral dentro de una empresa de Inteligencia Artificial, he visto cómo la tecnología, bien utilizada, no reemplaza la dimensión humana del proceso de selección: la potencia.
Uno de los mayores problemas del reclutamiento es la falta de tiempo: para leer con profundidad todos los perfiles, responder a cada postulante, dar un feedback personalizado y para que el proceso sea realmente justo.
Esto en un equipo pequeño, como el nuestro, sumado a la cantidad de candidatos que pueden llegar a haber, puede traducirse a un equipo sobreexigido, realizando tareas repetitivas y decidiendo bajo presión para dar una respuesta rápida. A veces, incluso, pueden quedar candidatos en esperas interminables o sin respuesta por error.
Pero la introducción de IA vino a cambiar esto.
Tengo la suerte de trabajar en una empresa de primera línea en cuanto a la tecnología, con desarrolladores dispuestos a crear lo que sea necesario para facilitar los procesos. Gracias a ello, se diseñó una plataforma que permite automatizar envíos de correos, ordenar información y coordinar las etapas. Esto no solo nos ha permitido acelerar el proceso, sino que también ha posibilitado al equipo de People hacer lo que realmente importa: estar con las personas.
En lugar de pasar el día en tareas administrativas, el uso de la IA nos facilita el dedicar más tiempo a escuchar, resolver dudas, tomar decisiones conscientes, entre otras acciones que van volviendo el reclutamiento mucho más personalizado y justo. Nos permite responder más rápido a los candidatos y mantenerlos informados de cada fase sin que el volumen de trabajo nos desborde.
La IA no reemplaza el vínculo, sino que crea el espacio para que este exista. Permite acompañar mejor y evitar la sensación tan común de “quedar en el aire”. Cuando un candidato se siente escuchado y respetado, toda la experiencia cambia. Y eso es algo profundamente humano.
Como psicóloga clínica de formación, buscando poner a la persona en el centro siempre, me sorprendió ver cómo la tecnología no me ha alejado de mi rol, sino que lo ha ampliado. Y no solo eso, sino que además me ha obligado a integrar una mirada técnica, aprovechando ese espacio que ofrece la tecnología para habilitar y expandir la sensibilidad clínica.
Y es justamente a partir de esa experiencia que hoy estoy convencida de que la IA no aleja al reclutamiento de lo humano; al contrario, lo acerca. Porque cuando la tecnología se encarga de lo mecánico, nosotros por fin podemos enfocarnos en lo esencial: las personas.
¿Te gustó este artículo? Compártelo con tus amigos

