Cuando el equipo es chico, todo se mantiene limpio, ordenado y avanzando hacia el mismo propósito. Voy a ser honesto, en esa etapa, cada nuevo proceso que implementábamos se sentía como una cárcel porque nos impedía avanzar rápido. Pero cuando la empresa empieza a crecer, todo cambia, el norte ya no es tan claro y el caos se apodera, algo natural cuando aumentan los equipos.Y aquí está la paradoja que nadie te cuenta, la libertad que querías preservar necesita exactamente lo opuesto para sobrevivir.
Las primeras personas que se unen a la compañía creen profundamente en la visión y generalmente son MUY autoorganizadas. Cada persona se maneja sola y como el producto sigue mejorando día a día, se crean nuevas features y proyectos constantemente. Todo proyecto viene desde la voz del cliente, generando un impacto positivo en el producto, hasta que llega un momento en donde las peticiones se multiplican y el producto se empieza a saturar.
Con más manos jugando con el mismo juguete, se vuelve cada vez más difícil identificar el próximo proyecto que marcará la diferencia para los clientes, y una mala decisión es el camino perfecto para crear un producto Frankenstein. La libertad antes tan apreciada ahora empieza a dejarte sin rumbo y cuando uno empieza a sentir ese terrible sentimiento, vuelve como solución al “enemigo” del pasado: los procesos.
Al principio, me vi con cierta resistencia mental para avanzar en esta línea, debido a los estigmas y la solidificación de todo lo que implica, pero en poco tiempo me di cuenta que cada proceso creado permite que los valores de creatividad y autosuficiencia sigan funcionando. En búsqueda del balance perfecto entre estructura y flexibilidad llegamos a las siguientes conclusiones:
Primer aprendizaje: Los procesos tienen que ser mission driven. En nuestro caso, todos los procesos deben alinearse con la pregunta: ¿Cómo esto ayuda a que nuestro cliente pueda crecer y cómo le damos una experiencia extraordinaria?
Segundo aprendizaje: Para cumplir nuestros objetivos, realizar un roadmap es clave. Solíamos tenerlo, lo perdimos, y realmente es más difícil avanzar sin esto. Un roadmap ayuda a que cada persona que entre al equipo, piense menos para cumplir con las matrices anteriores y pueda tomar decisiones rápidamente.
Por último, es fundamental tener un sistema ligero de seguimiento, para ser responsables de nuestro progreso personal. Para nosotros, esto se ve como un listado de compromisos donde cada uno pone una marca si logró el objetivo semanal. Además tenemos un apartado para bonificaciones por trabajos sorpresa adicionales.
Dando un propósito, una forma fácil de cumplirlo y un sistema que mantenga la responsabilidad individual y grupal, se puede avanzar eficientemente cuando se tiene a más de 20 desarrolladores trabajando en el mismo producto. Cada etapa empresarial tiene distintas necesidades y a medida que uno va creciendo, los procesos que al principio parecían cárceles y restricciones, son lo único que te permiten funcionar correctamente para seguir escalando.
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