Vambe no partió adaptándose a la inteligencia artificial. Partió con ella como base. Desde el día uno, pensamos el producto, las soluciones y la forma de trabajar con la IA en el centro.
Desde ese entonces hemos generado contenido educativo, acompañado a nuestros clientes en su adopción de IA, incluso organizamos la AI Week Chile. Todo porque creemos que cuando una empresa se comunica mejor con los suyos, todos ganan.
Pese a todo eso, nos dimos cuenta que internamente teníamos los mismos problemas que veíamos en el mercado: procesos que dependían de personas en lugar de sistemas, equipos que pedían más cabezas para mantener el ritmo, y una dependencia excesiva de producto para resolver ineficiencias que no eran de producto.
Pero nacer AI-first no significa diseñarlo todo a partir de la IA, sino usarla con criterio, donde realmente aporta valor. Reconocerlo cuesta, arrastramos los mismos problemas que intentamos resolver, pero cada minuto perdido en un proceso manual es un minuto que no está dedicado al cliente.
No alcanza con dar acceso a Claude
Cuatro workshops de dos horas durante dos semanas. Les mostramos Claude, conectores y un template para programar sus propias soluciones con Claude Code. Después, el conocimiento se fue repartiendo de líder a equipo. Partimos con preguntas frecuentes y bases de conocimiento, pero el piloto destapó algo que desde tecnología no estábamos viendo: los equipos repetían a mano tareas que hoy se podían automatizar, en lugares que ni sospechábamos.
Aparecieron herramientas que producto nunca habría priorizado
Seguimos expandiendo esto al resto del equipo. Aparecieron herramientas que nunca habrían pasado por el roadmap de producto: tracking de CSAT y NPS para llegar al cliente más rápido, un analizador automático de calidad de reuniones, software de traspaso de información entre equipos para no perder contexto, y un skill de presentaciones que respeta la marca. La que más nos llamó la atención fue Kickoff Trainer, una app donde el equipo practica reuniones con un avatar que hace de cliente y recibe un score por hito. Los puntajes van de 0 a 100 según qué tan bien se ejecuta. La herramienta es exigente, y por eso funciona.
No todo salió bien
Cuando los equipos empezaron a compartir sus apps, aparecieron dos problemas. Por un lado había duplicación, con equipos construyendo lo mismo en paralelo sin saberlo. Y por otro lado, nos dimos cuenta de que era necesario crear un sistema para que los usuarios entren de forma segura, sin que sea complicado ponerlo en funcionamiento.
Para que esto cambiara tuvimos que incorporar buenas prácticas de seguridad y de despliegue, y también crear un espacio común para revisar qué ya existía antes de empezar a construir.
La mejor tecnología no siempre viene de producto
Cada equipo puede mejorar de forma independiente, y de hecho lo hizo, sin ser experto en tecnología. Solo necesitas ser experto en su área. De ahí salen ideas que producto nunca habría priorizado solo, y que terminan mejorando la experiencia de todos los clientes.
Es fácil creer que por haber nacido en una época moderna uno se libra de los errores del pasado. Pero no es así. Si no se hace nada, nada cambia. Al final, todo esto sirve para que cada conversación con un cliente fluya, y que cada negocio que confía en nosotros pueda avanzar.
¿Te gustó este artículo? Compártelo con tus amigos

